¿Te animas  a “lavarte las manos”?

Una metafora sobre nuestra resistencia al cambio educativo.

Leyendo a #dreikus y sus colegas hablando sobre el cambio educativo en un libro publicado en 1971, me he encontrado con una maravillosa metáfora que sentí la necesidad de compartir:

“Antes de poder realmente ayudar a los niños a desarrollar su potencial, es necesario cambiar la manera como educamos en casa y en el colegio. Nos encontramos en la misma trágica situación en la que se encontró Semmelweis a mediados del siglo XIX. Él descubrió la ley de la asepsia (Después de observar mucho, descubrió que los obstetras que venían de una autopsia a atender un parto sin lavarse las manos eran responsables, sin saberlo, de la muerte de muchas mujeres que morían dando a luz). Sus colegas no le creyeron y  fue despedido. Acabo muriendo en un psiquiátrico y su reconocimiento vino mucho después de su muerte”

.

¿Qué tiene que ver esto con educación?

Pues esto me ha hecho pensar en los miedos, las culpas y todas las cosas que llegamos a pensar y sentir cuando leemos por primera vez sobre propuestas educativas como la Disciplina Positiva.

Nos pasa como a los colegas de Semmelweis, preferimos negar lo evidente a responsabilizarnos y hacer un cambio.

Nos invaden   pensamientos y sentimientos que no hacen ignorar los múltiples investigaciones  en educación, psicólogia e incluso neurociecia que respaldan que el uso del castigo y los premios genera efectos tremendamente nocivos en nuestros hijos y alumnos (ademas de ser poco útiles).

¿Que elegimos entonces?

  • Preferimos escuchar esa vocecita interna que dice “no puede ser que lo hayan hecho tan mal conmigo, después de todo a mi me educaron con cachetes y no estoy tan mal”, “¿Porque cambiar lo que se ha venido haciendo siempre?”. 
  • Decidimos ignorar y no profundizar, en  propuestas que, como la disciplina positigva,  ya llevan más de 80 años en hogares y colegios de todo el mundo con excelentes resultados.
  • Ignoramos nuestros sentido común, haciendo y diciendo cosas a nuestros hijos y alumnos que jamas haríamos o diríamos a un adulto.
  • Pedimos autocontrol cuando nosotros mismos no somos capaces de controlarnos.
  • Nos enfocamos en los errores de los niños (as) y adolescentes como si nosotros fuésemos perfectos.
  • Gestionamos conductas agresivas con más violencia (psicológica o física)
  • Exigimod respeto en lugar de demostrarlo.

 

Y tú? ¿Que tipo de “medico” estás siendo?

¿Eres aquel que se lava las manos y admite su error o aquel que prefiere negar la evidencia, evadir la responsabilidad y seguir haciendo las cosas “como siempre” a pesar de que exista la posibilidad de que tus actos están causando grandes efectos negativos?

¿Decides ‘tirar pelotas fuera” o prefieres asumir tu responsabilidad e intentar hacer las cosas diferentes?

¿Te animas a lavarte las manos?

Tus hijos y alumnos lo valen!

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